COCHA CASHU Y EL MANU: MEDIO SIGLO DE CIENCIA PARA ENTENDER UN BOSQUE QUE TODAVÍA CAMBIA
COCHA CASHU Y EL MANU: MEDIO SIGLO DE CIENCIA PARA ENTENDER UN BOSQUE QUE TODAVÍA CAMBIA
De Cocha Cashu a la botánica, las ranas, las aves, los primates y los grandes mamíferos: la historia de una de las estaciones científicas más importantes de la Amazonía peruana
Hay lugares donde la ciencia no consiste únicamente en tomar muestras, publicar artículos o describir nuevas especies. Hay lugares donde la ciencia se convierte en una forma de mirar el bosque durante décadas, de regresar al mismo sendero, a la misma laguna, a la misma parcela y preguntarse qué cambió, qué permaneció y qué procesos invisibles mantienen funcionando el ecosistema. La Estación Biológica Cocha Cashu, en el corazón del Parque Nacional del Manu, pertenece precisamente a esa categoría excepcional.
La historia científica de Cocha Cashu comenzó a adquirir una dimensión extraordinaria desde la década de 1970. La expedición de 1973, vinculada inicialmente a la Universidad Nacional Agraria La Molina y posteriormente al trabajo de John W. Terborgh, marcó una nueva etapa para la estación. Con el tiempo, investigadores procedentes de Princeton, Duke, Harvard y numerosas instituciones científicas internacionales utilizaron este lugar para estudiar desde la dinámica del bosque y la productividad hasta las aves, los primates, los anfibios, los grandes mamíferos y las relaciones entre depredadores, presas, plantas y dispersores. El propio Terborgh comenzó a trabajar en Manu en 1973 y posteriormente dirigió durante décadas investigaciones en Cocha Cashu.
Pero reducir esta historia a un solo científico sería injusto. Cocha Cashu se convirtió en una especie de laboratorio natural colectivo. Marc Dourojeanni, César Flores, Lily Rodríguez, Alwyn Gentry, John Terborgh, Louise Emmons, Manuel Ríos y muchos otros investigadores forman parte de una sucesión de generaciones que fueron construyendo, pieza por pieza, uno de los registros ecológicos más importantes de los bosques neotropicales.
Y allí aparece una idea fundamental para entender la importancia del Manu: la verdadera riqueza de Cocha Cashu no está únicamente en la cantidad de especies que existen allí, sino en la cantidad de relaciones ecológicas que pueden estudiarse a lo largo del tiempo.
COCHA CASHU: CUANDO EL BOSQUE SE CONVIERTE EN UN LABORATORIO
La ubicación de Cocha Cashu dentro del Parque Nacional del Manu proporcionó una condición científica extraordinaria. Se trata de un bosque tropical protegido en una región donde las comunidades de plantas y animales pueden estudiarse con mucha menor presión directa que en paisajes intensamente transformados.
El Reporte Manu 2013, publicado por San Diego Zoo Global Perú y SERNANP, describe cómo la estación pasó de ser un sitio remoto a convertirse en uno de los lugares más importantes para la generación de información sobre ecología neotropical. La estación fue operada durante más de tres décadas por la Universidad de Duke bajo el liderazgo de John Terborgh y llegó a reunir una bibliografía de más de 700 artículos, capítulos y libros. Los temas con mayor producción científica incluyeron primates, aves y dinámica forestal.
Esto permite comprender por qué palabras como diversidad, productividad, dinámica forestal y fauna aparecen inevitablemente cuando se habla de Cocha Cashu.
Un bosque no es una fotografía estática. Es un sistema que nace, crece, muere y vuelve a comenzar. Un árbol cae y abre un claro. La luz penetra hasta el suelo. Germinan nuevas plantas. Llegan insectos. Cambian las aves que utilizan el espacio. Aparecen frutos. Los primates transportan semillas. Los depredadores siguen a sus presas. Las lluvias modifican el nivel de los ríos y las cochas. Una sequía puede cambiar la disponibilidad de alimentos. Una tormenta puede transformar la estructura de una parcela.
La palabra dinámica adquiere aquí todo su significado.
En Cocha Cashu se han realizado estudios que siguen precisamente esos procesos. Por ejemplo, la comunidad de plántulas de la estación fue monitoreada durante años; uno de los trabajos incluidos en el Reporte Manu 2013 siguió el destino de 5.149 plántulas de árboles durante un período de siete años.
Ese tipo de investigación es fundamental porque permite pasar de una pregunta aparentemente sencilla —“¿cuántos árboles hay?”— a preguntas mucho más profundas: ¿cuántos sobreviven?, ¿cuáles crecen?, ¿cuáles mueren?, ¿qué especies regeneran mejor?, ¿qué animales dispersan sus semillas?, ¿qué ocurre cuando desaparecen determinados dispersores?, ¿cómo cambia el bosque después de una perturbación?
Así comienza la verdadera ecología forestal.
TERBORGH, PRINCETON, DUKE Y LA CONSTRUCCIÓN DE UNA CIENCIA DE LARGO PLAZO
John W. Terborgh ocupa un lugar central en esta historia. Formado académicamente en Estados Unidos y vinculado posteriormente a Princeton y Duke, desarrolló buena parte de su carrera alrededor de la ecología tropical y la conservación. Su trabajo en el Manu comenzó en 1973 y se prolongó durante décadas.
Su influencia fue mucho más allá de estudiar especies individuales.
Terborgh ayudó a consolidar una visión del bosque tropical como una red de interacciones. Los primates no son simplemente “monos”; son consumidores y dispersores de semillas. Las aves no son solamente una lista de especies; ocupan diferentes nichos y responden a la estructura de la vegetación. Los grandes felinos no son únicamente animales carismáticos; forman parte de las relaciones depredador-presa que pueden modificar la abundancia y comportamiento de otras especies.
Esta perspectiva contribuyó a desarrollar una de las grandes preguntas de la ecología tropical moderna: ¿qué ocurre con un bosque cuando desaparecen determinadas especies?
La respuesta no siempre es visible inmediatamente.
Un bosque puede continuar teniendo árboles, aves y mamíferos incluso después de haber perdido algunas especies fundamentales. Pero las relaciones ecológicas pueden haberse alterado profundamente. Las semillas pueden no dispersarse de la misma manera. Algunas poblaciones pueden aumentar mientras otras disminuyen. La composición de la regeneración forestal puede cambiar.
Por eso los estudios de largo plazo son tan valiosos.
En 2023, un estudio publicado en Ecology Letters regresó a una parcela de 97 hectáreas estudiada originalmente en 1982 para comparar la comunidad de aves casi cuatro décadas después. Los investigadores encontraron que la estructura general de la comunidad había cambiado relativamente poco, aunque algunas guildas habían aumentado y otras disminuido. El trabajo planteó que grandes reservas como el Manu pueden funcionar como refugios frente a determinados efectos del cambio global.
Ese resultado es extraordinariamente importante: sin series históricas, ni siquiera sabríamos que el bosque ha mantenido una determinada estabilidad.
LILY RODRÍGUEZ Y LAS RANAS QUE CONVIRTIERON UNA COCHA EN UN ARCHIVO DE BIODIVERSIDAD
Si Terborgh representa una parte esencial de la ecología de vertebrados y dinámica de ecosistemas, Lily Rodríguez representa otra dimensión fundamental de Cocha Cashu: la herpetología y, particularmente, el conocimiento de los anfibios.
Rodríguez realizó investigaciones de largo plazo sobre la comunidad de anuros de Cocha Cashu. Su trabajo de campo, realizado entre 1985 y 1989 durante 395 días, comparó los principales ambientes de bosque amazónico de la estación, incluyendo bosques de planicie inundable y bosques de tierra firme. El estudio registró 81 especies de anuros y analizó su estructura, abundancia relativa, densidad y especialización ecológica.
Este trabajo demuestra nuevamente que la biodiversidad del Manu no puede comprenderse simplemente contando especies.
Dos bosques aparentemente similares pueden contener comunidades diferentes. Una rana puede depender de una determinada condición de humedad. Otra puede reproducirse en un tipo específico de ambiente acuático. Algunas especies pueden cantar durante el día y otras al atardecer. Algunas pueden especializarse en determinados recursos.
La propia producción científica de Rodríguez incluye trabajos sobre las llamadas de especies de anfibios, la diversidad y reproducción de anuros y la descripción de especies nuevas. En 1994 publicó la descripción de una nueva especie del grupo Eleutherodactylus conspicillatus procedente de Cocha Cashu.
Su trabajo también quedó integrado en obras científicas de referencia sobre los bosques neotropicales, incluyendo el capítulo sobre herpetofauna de Cocha Cashu publicado en Four Neotropical Rainforests, editado por Alwyn H. Gentry.
La historia de Lily Rodríguez permite entender algo que a veces se olvida cuando se habla del Manu: una rana puede ser tan importante para la ciencia de un bosque como un jaguar.
No porque tenga el mismo tamaño o atractivo turístico, sino porque puede revelar procesos ambientales que otros animales no muestran con la misma sensibilidad.
DEL JAGUAR AL YAGUARUNDI: UNA FAUNA QUE EXIGE MIRAR EL BOSQUE COMPLETO
La fauna de Cocha Cashu también ha sido estudiada desde diferentes escalas. Los trabajos de Louise Emmons, por ejemplo, estuvieron vinculados a los mamíferos terrestres y especialmente a los felinos. La estación se convirtió en un lugar donde especies como el ocelote podían estudiarse dentro de un ambiente relativamente poco perturbado.
El ocelote, el yaguarundi, el jaguar y otros carnívoros representan diferentes posiciones dentro de la estructura ecológica del bosque.
Pero también existen especies mucho menos visibles.
Los primates constituyen otro de los grandes capítulos de Cocha Cashu. Los estudios iniciales llegaron a analizar la estructura y distribución de comunidades de primates, incluyendo múltiples especies y sus relaciones con la disponibilidad de recursos. El Reporte Manu 2013 señala que hacia 1990 Cocha Cashu había contribuido significativamente al conocimiento de diez especies de monos y a estudios de su autoecología y comportamiento.
Entre ellos aparece el mono araña, un animal especialmente importante para comprender la dispersión de semillas en los bosques tropicales.
Y aquí volvemos a la palabra conexión.
El árbol produce fruto.
El primate consume el fruto.
La semilla viaja.
La semilla cae lejos del árbol madre.
Germina.
Crece otro árbol.
Ese árbol alimenta a otra especie.
Y el proceso comienza nuevamente.
La conservación del bosque, por tanto, no consiste solamente en proteger individuos. Consiste en mantener funcionando las relaciones que permiten que el ecosistema se regenere.
AVES, PRIMATES Y ÁRBOLES: TRES HISTORIAS QUE EN REALIDAD SON UNA SOLA
La investigación desarrollada en Cocha Cashu tuvo una productividad científica extraordinaria en tres grandes campos: aves, primates y dinámica forestal. El Reporte Manu 2013 señala que cada uno de estos temas había generado más de un centenar de publicaciones dentro del conjunto de la producción de la estación.
Pero separar esos campos puede ser engañoso.
Las aves comen frutos.
Los frutos contienen semillas.
Las semillas necesitan dispersores.
Los árboles producen frutos.
Los insectos polinizan flores.
Las aves consumen insectos.
Los primates modifican la distribución de semillas.
Los árboles determinan la estructura del hábitat.
La estructura del hábitat determina qué especies pueden vivir allí.
Todo está conectado.
Por eso Cocha Cashu se convirtió en un laboratorio tan extraordinario: permitía estudiar múltiples componentes del mismo sistema.
Incluso las investigaciones contemporáneas siguen encontrando preguntas nuevas. Estudios de aves a lo largo de gradientes altitudinales del Manu han mostrado cambios muy fuertes en la composición de comunidades a medida que aumenta la elevación. En algunos sectores de los Andes tropicales, la composición de aves puede cambiar completamente en unos cientos de metros de diferencia altitudinal.
El Manu, por tanto, no es únicamente un bosque amazónico.
Es también un gigantesco gradiente ecológico entre los Andes y la Amazonía.
CÁMARAS TRAMPA: CUANDO LA TECNOLOGÍA EMPIEZA A VER LO QUE EL INVESTIGADOR NO PUEDE VER
La investigación moderna ha añadido herramientas que las primeras generaciones de investigadores no tenían.
Una cámara trampa puede permanecer durante días o semanas en un sendero sin que ningún investigador tenga que estar presente. Puede registrar animales durante la noche, durante la lluvia o en momentos en que las personas no se encuentran en el bosque.
Para especies discretas como felinos y otros mamíferos, esta tecnología permite obtener información imposible de conseguir mediante observación directa.
Una red de cámaras puede convertirse así en una ventana permanente hacia la fauna.
Pero la tecnología no reemplaza al conocimiento histórico.
Una fotografía de un jaguar aislada tiene un valor limitado. Una secuencia de fotografías durante diez años puede revelar patrones de presencia, actividad y uso del territorio.
Una fotografía de un ocelote es interesante.
Miles de fotografías de ocelotes, yaguarundis, tapires, primates y otros mamíferos analizadas junto con información de vegetación, clima, disponibilidad de alimento y presión humana pueden convertirse en ciencia ecológica.
Esa es precisamente la transición que caracteriza a la investigación contemporánea del Manu: pasar de observar animales a comprender sistemas.
LA UNIVERSIDAD NACIONAL AGRARIA LA MOLINA Y EL PAPEL PERUANO EN LA HISTORIA DEL MANU
Una parte particularmente importante de esta historia es que el desarrollo de Cocha Cashu no fue exclusivamente extranjero.
La Universidad Nacional Agraria La Molina tuvo un papel importante en la etapa inicial de investigación. El Reporte Manu 2013 señala que el impulso inicial de la expedición de 1973 estuvo liderado por investigadores vinculados a La Molina y posteriormente fue potenciado por Terborgh.
Esto es fundamental para entender la historia científica del Perú.
Las universidades peruanas no fueron simples espectadoras de la investigación amazónica. Participaron en expediciones, colecciones, inventarios y formación de investigadores.
En ese contexto aparece también el nombre de Percy Núñez Vargas, botánico peruano cuya trayectoria está vinculada al estudio e identificación de plantas tropicales de la Amazonía superior de Ecuador, Perú y Bolivia. El registro oficial de CONCYTEC lo identifica como especialista en identificación de plantas tropicales y señala décadas de experiencia en esta región, además de su labor docente e investigadora en la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco.
Los registros botánicos asociados a su nombre aparecen vinculados a colecciones depositadas en diferentes herbarios, entre ellos instituciones internacionales. Esta dimensión es particularmente importante porque una colección botánica no es simplemente una planta guardada en un herbario: es una evidencia física de que una especie fue encontrada en un lugar determinado, en una fecha determinada y bajo determinadas condiciones.
El propio trabajo desarrollado alrededor de Percy Núñez Vargas muestra la importancia de revisar conjuntamente los registros del Herbario Vargas de la UNSAAC, Missouri Botanical Garden, Smithsonian, New York Botanical Garden y otras colecciones internacionales para reconstruir con precisión el legado botánico del sur del Perú.
EL MANU COMO UNA GRAN BIBLIOTECA VIVIENTE
Hay una frase que podría resumir toda esta historia:
El Manu no es solamente un lugar donde viven especies; es un lugar donde las relaciones ecológicas pueden ser estudiadas a través del tiempo.
Cada árbol identificado por un botánico.
Cada rana registrada por Lily Rodríguez.
Cada ave censada por Terborgh y sus colaboradores.
Cada primate observado.
Cada felino fotografiado.
Cada plántula marcada dentro de una parcela.
Cada fruto consumido.
Cada semilla dispersada.
Cada cambio registrado en una comunidad.
Todo ello forma parte de una biblioteca científica.
Pero es una biblioteca diferente.
No está encerrada entre paredes.
Está viva.
Y sus páginas cambian con cada temporada.
Por eso el concepto de forest dynamics resulta tan importante. La dinámica forestal permite estudiar el bosque como un proceso y no como una fotografía. Un bosque puede mantener una apariencia similar durante décadas mientras su composición interna cambia lentamente. Otros cambios pueden ser abruptos: una tormenta, una inundación, un deslizamiento, la caída de árboles dominantes o una alteración en las poblaciones animales pueden modificar la trayectoria de una parcela.
El valor de las investigaciones de largo plazo consiste precisamente en detectar esas transformaciones.
DEL MANU DE 1973 AL MANU DEL SIGLO XXI
El Manu de hoy ya no es exactamente el Manu de 1973.
La ciencia tampoco es la misma.
Los primeros investigadores caminaban largas distancias, observaban animales directamente, colectaban plantas, escribían notas de campo y construían sus hipótesis a partir de observaciones prolongadas.
Hoy pueden añadirse cámaras trampa, grabadoras acústicas, GPS, sensores ambientales, imágenes satelitales, análisis genéticos, bases de datos digitales y modelos estadísticos.
Pero la pregunta esencial permanece.
¿Cómo funciona realmente este bosque?
Esa pregunta es la que conecta a Marc Dourojeanni con John Terborgh, a Lily Rodríguez con Alwyn Gentry, a los investigadores de La Molina con los científicos de Duke y Princeton, a los botánicos con los ornitólogos, a los herpetólogos con los especialistas en mamíferos y a los investigadores de hoy con quienes regresan a las mismas parcelas décadas después.
La ciencia del Manu no terminó con las primeras expediciones.
En realidad, aquellas expediciones crearon una infraestructura intelectual para que las siguientes generaciones pudieran formular preguntas todavía más profundas.
UNA HISTORIA QUE TAMBIÉN PERTENECE AL PERÚ
Existe un aspecto que merece especial atención.
La historia científica del Manu se ha construido mediante una combinación poco común de investigadores peruanos e internacionales. Universidades extranjeras aportaron investigadores, financiamiento, equipos y programas científicos; instituciones peruanas aportaron conocimiento local, formación, colecciones, investigadores y continuidad territorial.
El desafío actual consiste en que ese enorme conocimiento acumulado también se convierta en capacidad científica peruana.
No basta con que el mundo conozca Cocha Cashu.
También es necesario que los estudiantes peruanos puedan estudiar allí, que las universidades peruanas puedan desarrollar proyectos de largo plazo, que las colecciones botánicas nacionales sean fortalecidas, que los datos históricos sean digitalizados y que las nuevas generaciones puedan utilizar esa información para responder a los problemas ambientales actuales.
En ese sentido, la historia de Percy Núñez Vargas y el vínculo con el Herbario Vargas de la UNSAAC adquieren una importancia especial. La biodiversidad amazónica puede estudiarse internacionalmente, pero también debe quedar documentada en instituciones científicas peruanas.
Porque un país que no conserva sus datos científicos corre el riesgo de perder parte de su propia memoria ecológica.
EL GRAN LEGADO DE COCHA CASHU
Después de décadas de investigación, quizá el mayor legado de Cocha Cashu no sea una determinada cifra de especies, una fotografía excepcional o incluso un artículo científico concreto.
Su verdadero legado es haber demostrado que el tiempo es una herramienta científica.
Una visita de un año permite observar.
Una investigación de diez años permite comparar.
Una serie de cuarenta o cincuenta años permite empezar a comprender.
Y cuando esas décadas se conectan con nuevas tecnologías, el bosque comienza a revelar procesos que ninguna generación individual podría observar por sí sola.
Eso convierte a Cocha Cashu en algo más que una estación biológica.
Es un archivo viviente de la Amazonía.
Un lugar donde las ranas cuentan historias sobre el agua.
Los árboles cuentan historias sobre la regeneración.
Las aves cuentan historias sobre la estructura del bosque.
Los primates cuentan historias sobre los frutos y las semillas.
Los felinos cuentan historias sobre las relaciones depredador-presa.
Las cámaras cuentan historias durante la noche.
Los herbarios conservan historias de plantas recolectadas décadas atrás.
Y los investigadores actuales tienen la responsabilidad de unir todas esas historias.
El futuro del Manu dependerá, en buena medida, de nuestra capacidad para hacer precisamente eso: convertir medio siglo de observaciones en conocimiento útil para conservar el bosque durante el próximo siglo.
Porque el gran experimento científico del Manu todavía está ocurriendo.
Y el bosque todavía está escribiendo sus siguientes páginas.
Credits
Research Director: Percy Núñez Vargas
Researcher – Pachacútec Andean Forest
Proyect Manager: Mag. Armando Isaias Medrano Zuniga
Pachacútec Andean Forest – Hummingbird Observatory