LUIS ALFARO LOZANO ANALIZA LA GESTIÓN EFECTIVA DE LAS ACR, LA BRECHA FINANCIERA Y EL MODELO PATRIMONIO NATURAL DEL PERÚ PARA GARANTIZAR SU CONSERVACIÓN.
Gestión efectiva de las ACR y brecha financiera: el desafío de garantizar la conservación permanente en el Perú
En el III Congreso Nacional de Áreas de Conservación Regional, la exposición de Luis Alfaro Lozano, representante de la iniciativa Patrimonio Natural del Perú, colocó sobre la mesa uno de los problemas más importantes y, al mismo tiempo, menos visibles de la conservación en el Perú: ¿cuánto cuesta realmente gestionar de manera efectiva un Área de Conservación Regional y cómo se garantiza que los recursos necesarios estén disponibles no solamente hoy, sino también en el futuro?
La pregunta parece financiera, pero en realidad es mucho más profunda. Hablar de la brecha financiera de las Áreas de Conservación Regional (ACR) significa hablar de biodiversidad, territorio, gobernanza, vigilancia, monitoreo, comunidades locales, servicios ecosistémicos, turismo, bioeconomía y capacidad institucional. Significa reconocer que una superficie declarada como área de conservación solamente adquiere verdadero significado cuando existe una estructura humana, técnica, institucional y financiera capaz de cumplir los objetivos por los cuales fue creada.
Esta visión coincide con el nuevo Plan Director de las Áreas Naturales Protegidas, aprobado mediante el D.S. N.° 016-2024-MINAM, que constituye el principal instrumento de planificación estratégica del sistema de áreas naturales protegidas y establece una visión de largo plazo para su gestión.
La exposición de Alfaro Lozano plantea precisamente ese cambio de paradigma: pasar de pensar solamente en cuánto territorio se conserva a preguntarnos qué tan efectivamente se está conservando y cuánto cuesta mantener esa efectividad en el tiempo.
De declarar un área protegida a garantizar su gestión efectiva
Durante décadas, una parte importante de los esfuerzos de conservación estuvo concentrada en conseguir el reconocimiento legal de nuevos espacios. Sin embargo, la declaración de un área no constituye el final del proceso. Es apenas el comienzo de una responsabilidad mucho mayor.
Una ACR necesita planificación, personal, vigilancia, monitoreo, coordinación con las autoridades, participación de las comunidades, mecanismos de gobernanza y recursos económicos. También necesita demostrar resultados. En otras palabras, conservar requiere capacidad permanente de gestión.
El propio SERNANP reconoce a las ACR como espacios destinados principalmente a conservar la diversidad biológica de interés regional y local, mantener procesos ecológicos esenciales y asegurar la prestación de servicios ambientales. Su gestión corresponde a los gobiernos regionales, con participación de gobiernos locales y población.
Por eso, la pregunta financiera no puede aparecer después de crear un ACR. Debe formar parte de la planificación desde el principio.
La lógica es sencilla: si un territorio tiene un determinado objetivo de conservación, primero debemos determinar qué capacidades se necesitan para alcanzar ese objetivo. Luego debemos calcular cuánto cuesta mantener esas capacidades. Finalmente, debemos identificar de dónde provendrán los recursos y durante cuánto tiempo estarán disponibles.
Ese proceso permite pasar de una conservación basada en proyectos aislados a una conservación basada en resultados y sostenibilidad financiera.
¿Qué significa realmente la brecha financiera de una ACR?
La brecha financiera puede entenderse como la diferencia entre los recursos económicos que una determinada área necesita para alcanzar y mantener una gestión efectiva y los recursos que realmente tiene disponibles.
Esta diferencia puede aparecer en diferentes componentes.
Una ACR puede contar con reconocimiento legal, pero carecer de personal suficiente. Puede tener un plan de gestión, pero no disponer de recursos para ejecutarlo. Puede tener una enorme biodiversidad, pero contar con capacidades limitadas para monitorearla. Puede poseer un enorme potencial turístico o bioeconómico, pero no tener mecanismos para transformar ese potencial en ingresos sostenibles y beneficios para la población local.
Por ello, calcular la brecha financiera no significa simplemente preguntar cuánto dinero falta en una cuenta bancaria.
Significa determinar qué necesita realmente el territorio para funcionar de manera efectiva.
Esto es fundamental porque permite evitar un error frecuente: solicitar financiamiento sin haber definido previamente cuáles son los resultados que se quieren alcanzar.
La propuesta presentada por Alfaro Lozano apunta precisamente hacia una gestión por resultados e indicadores robustos. Es decir, el financiamiento debe estar relacionado con capacidades y resultados verificables.
El modelo de gestión efectiva: cuatro niveles de condiciones habilitantes
Uno de los elementos más importantes mostrados durante la exposición fue la identificación de diferentes condiciones habilitantes necesarias para que una área protegida pueda avanzar hacia una gestión efectiva.
La primera corresponde al nivel de categoría definitiva, relacionado con procesos como la categorización de zonas reservadas y el establecimiento formal del área.
El segundo corresponde al nivel básico, donde aparecen elementos fundamentales como la designación del jefe del área, la existencia de un comité de gestión operativo, el plan maestro, la demarcación de límites y la incorporación del área en el registro correspondiente.
El tercer nivel corresponde al nivel estructural, donde la conservación comienza a depender directamente de capacidades operativas como sistemas efectivos de vigilancia y control y sistemas de monitoreo ambiental.
Finalmente aparece el nivel de actividades económicas, relacionado con el aprovechamiento sostenible de recursos naturales renovables y del recurso paisaje mediante actividades como el turismo.
Esta estructura permite entender algo fundamental: una ACR no puede evaluarse solamente por existir sobre un mapa.
Debe analizarse si posee las condiciones necesarias para cumplir su función.
El Plan Director y la gestión territorialmente articulada
La exposición también destacó el papel del Plan Director de las Áreas Naturales Protegidas. El D.S. N.° 016-2024-MINAM establece este instrumento como el marco de política y planificación estratégica de largo plazo para las ANP, incluyendo el análisis de los hábitats y las medidas necesarias para completar la cobertura ecológica requerida.
Aquí aparece un concepto especialmente importante: articulación territorial.
Una área de conservación no existe aislada del territorio que la rodea. Una ACR está conectada con comunidades, centros poblados, actividades económicas, agricultura, turismo, infraestructura, bosques, fuentes de agua y otros ecosistemas.
Por ello, la zonificación de un área protegida responde a una pregunta diferente de la que plantea la Zonificación Ecológica Económica.
Mientras la zonificación del ANP pregunta qué nivel y modalidad de intervención es compatible con los objetivos de conservación, la ZEE analiza la aptitud del territorio para diferentes usos.
Esta diferencia resulta fundamental para evitar conflictos y para construir un verdadero ordenamiento territorial.
Del proyecto aislado al financiamiento para la permanencia
Uno de los mensajes más fuertes de la presentación fue la comparación entre el modelo tradicional y el modelo de Financiamiento para la Permanencia (PFP).
El modelo tradicional puede caracterizarse por proyectos aislados, financiamiento de corto plazo, dependencia de donaciones e incertidumbre sobre lo que sucederá cuando termine un proyecto.
El modelo PFP busca cambiar esa lógica.
En lugar de financiar solamente actividades temporales, busca construir una arquitectura financiera diversificada y de largo plazo, vinculada con objetivos de conservación, resultados e indicadores.
Profonanpe explica que la iniciativa Patrimonio Natural del Perú nació precisamente para contribuir a la protección permanente de las áreas naturales protegidas mediante la articulación de donaciones, cooperación internacional, financiamiento gubernamental, ingresos provenientes del turismo y mecanismos económicos vinculados al sector privado y la ciudadanía.
Además, el programa de consolidación del PFP para el SINANPE tuvo como objetivo garantizar el arranque de un modelo de gestión efectiva mediante una estrategia articulada y diversificada de sostenibilidad financiera.
Esto representa un cambio conceptual muy importante.
La conservación no debería depender de que aparezca un nuevo proyecto cada pocos años.
Debe existir un sistema financiero que permita que las capacidades esenciales permanezcan.
Patrimonio Natural del Perú: una nueva arquitectura para financiar la conservación
En la presentación de Luis Alfaro Lozano, Patrimonio Natural del Perú (PdP) aparece como un brazo articulador destinado a canalizar recursos bajo criterios de transparencia, trazabilidad y resultados verificables.
La iniciativa busca conectar conservación, inversión, instituciones públicas, empresas privadas y población local.
Su importancia radica en que introduce una idea que puede transformar la forma de financiar la biodiversidad: la conservación puede convertirse en una inversión responsable cuando existen resultados claros, mecanismos de seguimiento y beneficios ambientales y sociales demostrables.
Profonanpe señala que Patrimonio Natural del Perú busca precisamente asegurar la sostenibilidad financiera de las ANP mediante la articulación de diferentes fuentes de financiamiento.
La presentación identificó cinco grandes rutas para la participación del sector privado:
Ruta Bioeconómica, Ruta de Contribuciones Ecosistémicas, Ruta de Obras por Impuestos, Ruta Fondo Patrimonial y Ruta de Vehículos de Inversión.
El objetivo no es sustituir la responsabilidad del Estado, sino ampliar y diversificar las fuentes de financiamiento que pueden contribuir a conservar el patrimonio natural.
La brecha financiera debe medirse antes de buscar dinero
Este es probablemente uno de los mensajes más importantes para las ACR.
No se puede calcular correctamente una brecha financiera si primero no se conoce cuánto cuesta gestionar efectivamente el área.
Por ello, el proceso debería comenzar con una línea base.
¿Qué tenemos?
¿Cuántas personas trabajan en el área?
¿Existe vigilancia?
¿Existe monitoreo?
¿Existe equipamiento?
¿Existe planificación?
¿Existe gobernanza?
¿Existe articulación con comunidades?
¿Existen actividades económicas compatibles con la conservación?
¿Existen ingresos propios?
¿Existen mecanismos de financiamiento público?
¿Existen oportunidades de inversión privada?
Después de responder estas preguntas se puede determinar cuánto necesita realmente el área y cuánto de esa necesidad ya está cubierto.
La diferencia constituye una aproximación mucho más útil de la brecha financiera.
Este enfoque ya aparece en el trabajo desarrollado para las ACR priorizadas mediante el proyecto ACR+ de Profonanpe, que ha realizado diagnósticos sobre la situación de las áreas, sus fuentes y necesidades de financiamiento y ha trabajado propuestas de financiamiento anual relacionadas con gestión, monitoreo, control y vigilancia.
Las ACR no necesitan solamente dinero: necesitan capacidades
Una conclusión importante que surge de la presentación es que financiar una ACR no significa simplemente entregar recursos económicos.
El dinero es un medio.
El verdadero objetivo es construir capacidades.
Una gestión efectiva requiere instituciones capaces de tomar decisiones, equipos técnicos preparados, información confiable, sistemas de monitoreo, vigilancia territorial, planificación financiera, gobernanza y mecanismos de coordinación.
Por eso, la gestión efectiva debe analizarse desde tres dimensiones estrechamente conectadas: capacidades humanas, presencia territorial y mecanismos de gobernanza.
La presentación lo expresa de manera directa al señalar que el valor estratégico del sistema de áreas naturales protegidas se sustenta en sus capacidades humanas, presencia territorial, conocimiento y mecanismos de gobernanza.
Sin estos elementos, incluso una importante inversión económica puede producir resultados limitados.
El papel de SERNANP, los gobiernos regionales y Profonanpe
La sostenibilidad de las áreas de conservación exige una articulación institucional.
El SERNANP cumple un papel fundamental dentro del sistema nacional de áreas naturales protegidas, mientras que las ACR son gestionadas por los gobiernos regionales, con participación de otros actores territoriales.
En este escenario, Profonanpe cumple un papel financiero y operativo relevante al administrar recursos destinados a proyectos de conservación y sostenibilidad.
El proyecto ACR+ es un ejemplo concreto. Actualmente busca mejorar las condiciones de gestión efectiva y sostenibilidad financiera de ACR priorizadas, incluyendo territorios de Cusco, y trabaja con gobiernos regionales, comunidades, productores, organizaciones, empresarios y otros actores locales.
Esto demuestra que la brecha financiera no puede solucionarse desde una sola institución.
Necesita un sistema de actores.
El gran desafío: demostrar resultados
El financiamiento moderno de la conservación exige cada vez más evidencia.
No basta con decir:
“Tenemos un área protegida”.
Hay que poder responder:
¿Qué se está conservando?
¿En qué estado se encuentra?
¿Qué amenazas se han reducido?
¿Qué servicios ecosistémicos se mantienen?
¿Cuánto cuesta conservarlos?
¿Qué resultados produjo la inversión?
Por eso, la presentación insiste en la necesidad de indicadores robustos, medios de verificación, información oportuna, bases de datos accesibles, tableros de control y seguimiento físico y presupuestal.
Esta lógica permite conectar directamente el presupuesto con los resultados.
Y aquí aparece una transformación profunda: la biodiversidad deja de ser solamente un discurso ambiental y pasa a convertirse también en una variable de gestión pública.
Las ACR como infraestructura ecológica del desarrollo
Otro concepto fundamental presentado por Alfaro Lozano es que las áreas naturales protegidas deben posicionarse como una estructura ecológica robusta que sustenta el desarrollo territorial sostenible.
Esto cambia completamente la narrativa.
Un bosque no es solamente un conjunto de árboles.
Una montaña no es solamente un paisaje.
Un humedal no es solamente una superficie de agua.
Un área protegida puede proporcionar agua, regulación climática, almacenamiento de carbono, polinización, control biológico, protección de suelos, oportunidades turísticas, recursos naturales y espacios culturales.
El Plan Director plantea justamente esta relación entre conservación, beneficios ambientales y sociales y desarrollo del país.
Por ello, financiar una ACR no debería considerarse exclusivamente un gasto ambiental.
Puede entenderse como una inversión en infraestructura ecológica.
Conservación y economía local: la legitimidad social es fundamental
La presentación de Luis Alfaro Lozano también introduce una dimensión que muchas veces queda relegada en las discusiones financieras: la legitimidad social.
Una política de conservación solamente puede consolidarse cuando las personas que viven alrededor o dentro de los territorios perciben que existen beneficios y oportunidades.
Por eso, el modelo plantea desafíos como construir confianza, garantizar una distribución equitativa de beneficios y medir el impacto social de las actividades bioeconómicas.
Este aspecto es especialmente importante para las ACR porque su gestión está estrechamente vinculada con los territorios regionales y con las poblaciones locales.
Una estrategia de conservación que genera restricciones pero no oportunidades puede producir conflictos.
En cambio, una estrategia que protege ecosistemas y simultáneamente desarrolla turismo responsable, bioeconomía, emprendimientos sostenibles y servicios ecosistémicos puede generar un círculo virtuoso.
Las cinco grandes oportunidades para el sector privado
El modelo presentado plantea que la participación privada puede producirse mediante diferentes mecanismos.
La bioeconomía puede generar negocios compatibles con la conservación.
Las contribuciones ecosistémicas pueden reconocer económicamente los servicios que los ecosistemas proporcionan.
Las Obras por Impuestos pueden permitir canalizar inversión hacia infraestructura vinculada con prioridades públicas.
Los fondos patrimoniales pueden generar rendimientos destinados a financiar conservación en el largo plazo.
Y los vehículos de inversión pueden abrir nuevas posibilidades para movilizar capital privado hacia iniciativas de sostenibilidad.
El punto central es que no toda inversión privada debe entenderse como extracción de recursos.
También puede existir inversión privada para conservar el capital natural.
Bonos de naturaleza y nuevas herramientas financieras
La presentación también mostró el potencial del Marco de Bonos Sostenibles del Perú y la incorporación de una subetiqueta temática vinculada a los Bonos de Naturaleza.
Esta perspectiva abre una discusión particularmente importante: ¿puede el mercado financiero ayudar a conservar ecosistemas?
La respuesta depende de que existan reglas claras, elegibilidad, trazabilidad, indicadores y mecanismos independientes de verificación.
Cuando estos elementos existen, los instrumentos financieros pueden convertirse en una herramienta adicional para canalizar recursos hacia vigilancia, monitoreo, mantenimiento y gestión de áreas naturales protegidas.
Esto encaja con la evolución del modelo de Patrimonio Natural del Perú, que desde su etapa de diseño buscó combinar sostenibilidad financiera, manejo efectivo, indicadores de gestión y mecanismos para incorporar recursos privados.
¿Qué significa todo esto para las 39 ACR del Perú?
La presentación mostró un escenario de expansión importante de las Áreas de Conservación Regional y destacó 39 ACR establecidas en 18 regiones, con más de cuatro millones de hectáreas protegidas, según las cifras presentadas durante el congreso.
El crecimiento territorial es una buena noticia.
Pero también plantea una pregunta inevitable:
¿podemos garantizar la misma calidad de gestión que la expansión territorial exige?
SERNANP mantiene información geográfica oficial sobre las ACR y su zonificación, evidenciando que estas áreas forman parte de una estructura territorial cada vez más amplia y compleja.
El verdadero desafío de la siguiente etapa no debería ser únicamente establecer más áreas.
Debe ser hacer que las áreas existentes funcionen mejor.
Esto significa pasar de una política de expansión territorial a una política de consolidación de la gestión efectiva.
Cusco frente al desafío de la sostenibilidad financiera
Para Cusco, este debate tiene una importancia especial.
La región posee un extraordinario patrimonio natural y una fuerte actividad turística, pero también enfrenta presiones territoriales y la necesidad de generar mecanismos que permitan que la conservación produzca beneficios sostenibles.
Actualmente, el proyecto ACR+ de Profonanpe incluye a Cusco entre sus territorios de intervención y busca fortalecer precisamente las condiciones para la gestión efectiva y la sostenibilidad financiera de las áreas de conservación regional.
Esto abre una oportunidad para conectar conservación, turismo de naturaleza, investigación científica, observación de aves, emprendimientos locales, restauración ecológica y bioeconomía.
El desafío consiste en construir modelos donde el territorio conservado genere valor sin perder precisamente aquello que lo hace valioso.
De la brecha financiera a un círculo virtuoso de conservación
La idea central de la exposición puede resumirse en un círculo.
Primero se conserva la biodiversidad.
La biodiversidad mantiene ecosistemas funcionales.
Los ecosistemas proporcionan servicios ecosistémicos.
Esos servicios generan beneficios ambientales, sociales y económicos.
Esos beneficios aumentan el valor de conservar.
Y ese valor puede movilizar nuevos recursos para mantener la gestión.
Así se construye el círculo virtuoso de la conservación planteado en la presentación y recogido en la visión contemporánea de gestión de las áreas protegidas.
El objetivo final no es conseguir dinero por conseguir dinero.
El objetivo es crear un sistema en el cual la inversión produzca conservación, la conservación produzca beneficios y los beneficios ayuden a sostener la conservación.
El verdadero reto no es cuánto cuesta conservar, sino cuánto cuesta no conservar
Esta es quizá la pregunta que debería quedar después de la exposición de Luis Alfaro Lozano.
Porque cuando hablamos de brecha financiera tendemos a observar solamente el dinero que falta.
Pero existe otra brecha mucho más peligrosa: el costo de no actuar.
¿Cuánto cuesta perder un bosque?
¿Cuánto cuesta perder una fuente de agua?
¿Cuánto cuesta la desaparición de especies?
¿Cuánto cuesta restaurar un ecosistema después de décadas de degradación?
¿Cuánto cuesta perder oportunidades de turismo sostenible?
¿Cuánto cuesta que una comunidad pierda recursos naturales que sustentan sus medios de vida?
Desde esta perspectiva, financiar la gestión efectiva de una ACR no representa únicamente una obligación ambiental.
Representa una forma de reducir riesgos futuros y proteger activos naturales que sostienen el desarrollo regional.
Una nueva etapa para la conservación peruana
El mensaje presentado por Luis Alfaro Lozano en el III Congreso Nacional de Áreas de Conservación Regional puede interpretarse como una invitación a cambiar la pregunta.
Ya no basta con preguntar:
¿Cuántas áreas protegidas tenemos?
Debemos preguntar:
¿Cuántas están gestionándose efectivamente?
Ya no basta con preguntar:
¿Cuánto dinero conseguimos para un proyecto?
Debemos preguntar:
¿Cuál es el costo real de mantener los resultados de conservación y cómo garantizamos ese financiamiento durante décadas?
Y tampoco basta con preguntar:
¿Cómo protegemos la biodiversidad?
Debemos preguntarnos:
¿Cómo hacemos que la conservación sea territorialmente legítima, socialmente justa, económicamente sostenible y financieramente permanente?
El modelo de Patrimonio Natural del Perú, articulado con SERNANP, Profonanpe, gobiernos regionales, cooperación internacional, sector privado y actores locales, apunta precisamente hacia esa transformación. Su experiencia demuestra que la sostenibilidad financiera debe estar integrada a la gestión y no aparecer como una solución de emergencia cuando los recursos ya se agotaron.
La conservación del futuro, por tanto, no dependerá solamente de cuánto territorio logremos declarar.
Dependerá de nuestra capacidad para conocer el costo de conservar, medir los resultados, cerrar las brechas financieras, fortalecer las instituciones, generar beneficios locales y garantizar que los mecanismos de financiamiento sobrevivan incluso cuando los proyectos hayan terminado.
Ese es el verdadero significado de la gestión efectiva.
Y esa es también la diferencia entre tener un área protegida en el mapa y tener un territorio realmente conservado.
Conclusión
La exposición de Luis Alfaro Lozano sobre el rol del modelo de gestión efectiva para identificar correctamente la brecha financiera de las ACR coloca un tema decisivo en el centro de la agenda de conservación peruana: la permanencia.
El futuro de las Áreas de Conservación Regional no depende exclusivamente de crear nuevas áreas, sino de construir las condiciones institucionales, humanas, territoriales y financieras que permitan que cada una cumpla efectivamente sus objetivos.
La experiencia de Patrimonio Natural del Perú, SERNANP y Profonanpe muestra que es posible avanzar hacia una arquitectura financiera más diversificada, basada en resultados y orientada al largo plazo. Los esfuerzos actuales para fortalecer la sostenibilidad financiera de las ACR, incluido el proyecto ACR+ en regiones como Cusco, muestran que esta discusión ya está pasando de la teoría a la implementación.
El desafío ahora es escalar ese modelo, mejorar las métricas, fortalecer la gobernanza, generar confianza y garantizar que los beneficios de la conservación lleguen también a quienes viven en los territorios.
Porque una conservación verdaderamente efectiva no termina cuando se declara un área: comienza cuando somos capaces de garantizar su permanencia.
Preguntas frecuentes para SEO
¿Qué es la brecha financiera de un Área de Conservación Regional?
Es la diferencia entre los recursos necesarios para alcanzar y mantener una gestión efectiva del ACR y los recursos financieros disponibles. Para identificarla correctamente se deben considerar las necesidades de personal, vigilancia, monitoreo, planificación, equipamiento, gobernanza y actividades de conservación.
¿Qué es la gestión efectiva de un ACR?
Es la capacidad de un área para contar con las condiciones institucionales, humanas, financieras y operativas necesarias para cumplir sus objetivos de conservación y demostrar resultados mediante indicadores y mecanismos de seguimiento.
¿Qué es Patrimonio Natural del Perú?
Es una iniciativa orientada a contribuir a la sostenibilidad financiera de las áreas naturales protegidas mediante la articulación de diferentes fuentes de financiamiento, incluyendo cooperación, recursos públicos, turismo y mecanismos vinculados al sector privado.
¿Qué función cumple Profonanpe?
Profonanpe es un fondo ambiental que administra y canaliza recursos destinados a programas y proyectos de conservación y sostenibilidad ambiental. En el modelo PFP participa como administrador de recursos y en proyectos vinculados con la sostenibilidad financiera de las áreas de conservación.
¿Quién gestiona las Áreas de Conservación Regional?
Las ACR son gestionadas por los gobiernos regionales, con participación de gobiernos locales y población, dentro del marco correspondiente del sistema de conservación peruano.
¿Por qué es importante financiar las ACR?
Porque la declaración legal de un área no garantiza por sí misma su conservación. Se necesitan recursos permanentes para vigilancia, monitoreo, planificación, gestión territorial, participación social y desarrollo de actividades compatibles con los objetivos de conservación.
Mag: Armando Isaias Medrano Zuniga